La obesidad infantil, una plaga por combatir

La obesidad infantil, una plaga por combatir

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    Marie Mevel

    Toxicóloga / Farmacóloga
Publicado el 2022-01-05

El 10 de enero tuvo lugar el día nacional de detección de la obesidad infantil. La obesidad se define como un cúmulo anormal de masa grasienta en un individuo que puede llevar a problemas graves de salud. El número de niños que sufren esta enfermedad aumenta un año tras otro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho de este tema un desafío de salud pública mayor del siglo XXI.





¿Cómo lo llevamos hoy en día?
El último informe de la OMS a propósito de la obesidad infantil de 2021 abarca cuatro estudios sucesivos llevados a cabo cerca de niños desde 6 hasta 9 años por el mundo. Treinta y ocho países participaron, permitiendo así identificar mejor los factores de influencia. Los resultados presentados en este informe muestran una evolución alarmante del sobrepeso y de la obesidad en el mundo.
Basándose en el conjunto de las cifras recolectadas, la OMS declara a nivel global, en los 7-9 años, una proporción de obesidad de 13% en los chicos y de 9% en las chicas. La liga contra la obesidad también investigó en 2020 en una población específica francesa y más amplia en término de edad. Los investigadores estiman que el 18% de los niños de 2 a 7 años y el 6% de los niños de 8 a 17 años están en situación de obesidad, lo que suena coherente con las cifras de la OMS.
Existe una disparidad geográfica en la manifestación de la obesidad. Por ejemplo, los países de Asia Central como Turkmenistán censan menos niños obesos mientras que los países como Italia o España presentan las tasas más elevadas del informe de la OMS. Al igual, está diferencia existe también en el seno de un mismo país entre las ciudades y los pueblos, las primeras siendo las más afectadas.



Una patología bajo influencia

Esto nos lleva a evocar los factores que van a facilitar la manifestación y la instalación más profunda de la obesidad en los niños. El desequilibrio alimentario es uno de los primeros factores de influencia. La “comida basura”, cada vez más presente en los países desarrollados pero también en los países emergentes, es un verdadero freno a la salud y el bienestar físico de los niños y adolescentes. Los trastornos del comportamiento alimentario, en particular bulimia e hiperfagia, también pueden llevar a la aparición de una obesidad si no se les atiende correctamente y si las causas profundas no son tratadas.



Figura 1 : Percentiles por edad del IMC (http://medbox.iiab.me/)




El sedentarismo y el modo de vida actuales centrados en las pantallas a menudo van a permitir al exceso de peso instalarse de manera más durable. La actividad física, a partir de los 2 años, incluso puede predecir la aparición de una futura obesidad: los niños que pasan menos tiempo jugando activamente a la edad de 2 años verán en sus curvas de peso una preciosidad de lo que llamamos rebote de adiposidad (designa el aumento del Índice de Masa Corporal -IMC- del niño hacia los 6 después de haber alcanzado su punto más bajo), presagiando una obesidad futura.


Al final, las diferencias geográficas de la prevalencia de la obesidad se explican probablemente en parte por estos dos elementos. En los países menos desarrollados y en las zonas rurales, hay un acceso directo menor a una comida poco sana al igual que la actividad física será más importante por obligación y/o por un acceso más importante a un perímetro exterior sano.


Estos dos factores también hacen temer a las autoridades de salud un aumento drástico de la prevalencia de la obesidad desde el principio de la pandemia del Covid-19. Entre el cierre de las escuelas y las situaciones de confinamiento, las condiciones fueron reunidas para favorecer una agravación de estas plagas. El entorno educativo y social en el cual evoluciona el niño igualmente pueden ser predisponentes a una obesidad. Los niños cuyos padres sean obesos serán más sujetos a serlo ellos mismos. La categoría socioprofesional de los padres también parece tener un impacto ya que, sea cual sea la edad del niño, habrá un riesgo mayor en desarrollar una obesidad si crece en una familia de categoría dicha popular o inactiva.




La obesidad programada
Ahora se sabe que unos factores genéticos pueden predisponer a un riesgo de desarrollar una obesidad tanto en el adulto como en el niño. Recientemente, fue identificado que estos factores genéticos son diferentes según la edad. Unos investigadores evaluaron el impacto en el IMC de dos paneles diferentes de genes con riesgo de obesidad y pudieron demostrar que uno de los paneles estaba en correlación con la IMC en los niños hasta la edad de alrededor de 16 años y que luego había entonces un cambio de riesgo más asociado al segundo panel de genes a partir de esta edad. Esto abre un campo de estudio de comprensión de los mecanismos de predisposición para atender y prevenir mejor.


De la misma manera que algunos genes van a conferir una predisposición, también existen factores calificados como programadores que actúan desde la concepción del niño, en la barriga de su madre. Se pueden citar una toma de peso muy importante durante el embarazo, un diabetes gestacional mal equilibrada, el tabagismo, un suministro insuficiente en Omega-3 o incluso la exposición a algunos contaminantes son tantos factores que dejan suponer la aparición de una obesidad en el niño.



¿A qué riesgos principales se exponen estos niños?

Desgraciadamente, fue demostrado que la obesidad infantil aumentaba el riesgo de fallecimiento prematuro. Este aumento se explica en particular por la elevación del riesgo de desarrollar algunas patologías cardiovasculares como la hipertensión arterial, normalmente rara en los jóvenes, o incluso por un riesgo incrementado de diabetes grave con insulinorresistencia severa. La obesidad provoca también un número de depresión elevado así como un aislamiento social que puede ser verdaderamente destructor para el niño que busca construir su identidad y hacerse un hueco en la sociedad. La más trágica de las salidas, a veces contemplada por estos niños, es el suicidio.

Figura 2 :mortalidad infantil con o sin obesidad(Louise Lindberg, et al. PLOS Medicine, 2020; 17 (3): e1003078)



Las herramientas para luchar
La prevención y la sensibilización son las primeras herramientas. Es esencial que todos los niños tengan acceso. Formaciones mediante el juego en las escuelas y folletos adaptados forman parte de estas estrategias. La interdicción de distribuidores automáticos en los establecimientos escolares franceses desde 2005 también es un acto preventivo.


Para detectar la obesidad infantil, el punto fundamental es el seguimiento sistemático de la curva de peso y del IMC de cada niño. Si se detecta una anomalía, entonces un seguimiento multidisciplinar debe instaurarse. Es importante explorar la alimentación, la actividad física, los factores psicosociales, el ritmo del sueño, etc. Las redes RePAOP (Redes de Prevención y de Atención de la Obesidad Pediátrica) se desarrollan poco a poco por todas partes en Francia y ofrecen una atención que permite también una mejor implicación de los padres para ayudar a sus hijos. El seguimiento en las redes se hace a lo largo de 2 años y debe permitir frenar la obesidad y colocar al niño y su familia en el buen camino.


Hay dos palabras por memorizar después del balance de la situación de esta patología: prevenir y detectar. Son las dos acciones que permitirán limitar progresivamente esta plaga que es la obesidad infantil. Es esencial para permitir a cada niño vivir con buena salud y construirse serenamente. La atención es cada vez más adaptada, pero todavía no es suficientemente asequible en todas partes. El desarrollo de estas redes es entonces determinante en los próximos años para la igualdad de acceso a los cuidados para todos los niños y una inversión de la tendencia de evolución de la obesidad en los niños.






Fuentes
1. Cécilia Saldanha-Gomes et al. Prospective associations between energy balance-related behaviors at 2 years of age and subsequent adiposity: the EDEN mother–child cohort. International Journal of Obesity (2016), 1–8.
2. Grégoire Borst. Écrans et développement de l’enfant et de l’adolescent. Futuribles 2019/6 (N° 433)
3. Louise Lindberg, et al. Association of childhood obesity with risk of early all-cause and cause-specific mortality: A Swedish prospective cohort study. PLOS Medicine, 2020; 17 (3): e1003078
4. Maria Brandkvist et al. Separating the genetics of childhood and adult obesity: a validation study of genetic scores for body mass index in adolescence and adulthood in the HUNT Study, Human Molecular Genetics, Volume 29, Issue 24, 15 December 2020, Pages 3966–3973
5. Obésité et surpoids de l’enfant. La revue du praticien vol 65. 2015. 1263-84
6. WHO European Childhood Obesity Surveillance Initiative (COSI) Report on the fourth round of data collection, 2015–2017)
7. https://www.era-learn.eu/network-information/networks/hdhl-intimic/hdhl-intimic-2020-call-prephobes/first-1000-days-strategies-to-prevent-childhood-obesity
8. http://www.obeclic.fr/
9. https://www.sraenutrition.fr/wp-content/uploads/2021/08/Enquete-epidemiologique-sur-le-suproids-et-lobesite-Odoxa-x-Obepi.pdf

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Marie Mevel

Me llamo Marie, tengo 28 años, soy farmacéutica de formación y decidí, tras mi graduación, embarcarme en la aventura del doctorado. Estoy haciendo mi tesis en Grenoble, en el Instituto para el Avance de las Biociencias, en el equipo "Epigenética, inmunidad, metabolismo, señalización celular y cáncer". Mi proyecto se refiere más concretamente a las regulaciones metabólicas y al diálogo entre dos supresores tumorales (LKB1 y p53) en el adenocarcinoma de pulmón.

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