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Las teorías del complot, una historia sin fin

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Publicado el 4/7/2021

Estos últimos años, las «teorías del complot» se han hecho virales en Internet y en los medios de comunicación y se vuelven cada vez mas visibles. Pero, ¿qué es exactamente una teoría del complot?



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Una teoría del complot es una explicación de un acontecimiento histórico (o de acontecimientos históricos) cuyo origen sería el papel de un pequeño grupo de individuos que actúan en secreto. Los acontecimientos trágicos, como el asesinato de Martín Luther King, los atentados del 11 de septiembre, o destacados, como la conquista de la Luna, el Covid-19, provocan frecuentemente la aparición de teorías del complot que parecen explicaciones ingenuas que compiten con las versiones oficiales, implicando a menudo la intervención de un grupo que actúa en la sombra.


¿Cómo reconocer las teorías del complot?


De esta manera, la teoría del complot tiene tres características se basa en un razonamiento causal; implica un proceso de categorización social, es decir, la asignación de individuos a un grupo; y, para terminar, supone una intencionalidad por parte de los miembros de ese grupo.


También se vincula a cinco criterios: las intenciones escondidas de los conspiradores son nefastas; estos muestran una voluntad evidente de esconder la verdad; las teorías del complot contradicen una versión «oficial» o «evidente»; relacionan acontecimientos que no tienen una conexión evidente entre ellos; y, para terminar, los datos aberrantes (elementos contradictorios o que no fueron explicados en la versión «oficial») son los elementos de base de las teorías del complot.


Se estima que más de un tercio de los estadounidenses creen que el cambio climático es una farsa, y que más de la mitad piensa que Lee Harvey Oswald no actuó solo en el asesinato de John F. Kennedy. Son ejemplos de teorías del complot: explicaciones de acontecimientos importantes que implican artimañas secretas o teorías de grupos potentes y malintencionados.


Son numerosos los que se mencionan en los medios de comunicación, la política, la literatura y otras esferas de la cultura como, por ejemplo, el éxito popular de películas o teleseries como Matrix, Expediente X o, más recientemente, el documental Hold Up. Al mismo tiempo, ciertas teorías del complot son muy antiguas, como el «complot judío», o los complots atribuidos de manera recurrente a los francomasones o a los Templarios, que son vistos como una amenaza para el orden social existente.


Complotista: tipo de persona que ve Expediente X y piensa que se trata de un documental


La fractura social: una de las causas de la emergencia de las teorías del complot


El complotismo contemporáneo se debe mucho al rechazo de creer en las élites, sean políticas, mediáticas o intelectuales, teniendo cuenta de la fractura social cada vez más importante. Pasa por la búsqueda de otras fuentes de información, con la ayuda de Internet, de las redes sociales y de ciertos blogs. También recurre a páginas conspiracionistas donde se mezclan constantemente lo verdadero y lo falso, la información comprobada se recupera de los medios de comunicación serios, y se añaden elementos engañosos, el conjunto mezclado sobre un fondo de falsa cultura, que acaba por crear la confusión y a veces transmitir ideologías fascistas. La teoría del complot, puesta en relieve por unos ideólogos que producen la mentira, toma entonces la apariencia de la verdad, se vuelve plausible.


Yo después de haber visto vídeos complotistas durante 3 horas seguidas: Ya no sé nada.


¿Por qué las teorías del complot seducen a algunos?


La gente puede sentirse atraída por las teorías del complot cuando, en comparación con las explicaciones no-complotistas, prometen satisfacer motivos psicológico-sociales importantes que están caracterizados como epistémicos (por ejemplo, el deseo de comprensión, de exactitud y de certeza subjetiva); existenciales (como el deseo de control y de seguridad); y sociales (con el deseo de mantener una imagen positiva de sí mismo o del grupo). Igualmente, es por culpa de distorsiones cognitivos que se adhieren a una teoría del complot. Están considerados como procedimientos heurísticos, es decir, atajos mentales que permiten evaluar de manera rápida y eficaz datos complejos (véase nuestro artículo sobre las heurísticas). Esas distorsiones responden a un sistema 1 de pensamiento, el sistema automático, que acarrea un esfuerzo mental mínimo. Se trata de las siguientes distorsiones: error de conjunción, sesgo de retrospección, sesgo de intencionalidad y autopercepción de la influencia de una teoría del complot.



Las teorías del complot son virales en tiempos de incertidumbre. Si no estás despierto, caes en un mecanismo de defensa que la gente usa para sentirse con control en tiempos difíciles.


Nuestras creencias ya están sesgadas


Al principio de toda teoría del complot, encontramos un conjunto de hechos reales o supuestos coherentes de un relato. Ahora bien, cuando disponemos de una teoría que permite explicar ciertos acontecimientos distintos, estamos a menudo tentados de relacionar estos acontecimientos. Se trata del


error de conjunción: es el sesgo cognitivo que consiste en estimar la probabilidad de dos acontecimientos conjuntos como superior a la de uno de esos dos acontecimientos considerados aislados. Gracias al error de conjunción, unos hechos que podrían ser puramente fortuitos o contingentes acaban siendo relacionados.


Esta distorsión contribuye también a la producción de otra distorsión: el sesgo de retrospección, también llamado «¡lo sabía desde el principio!». Es una tendencia a racionalizar a posteriori un acontecimiento imprevisto: lo consideramos como más probable o previsible que lo que lo era antes de su aparición. Con esos sesgos cognitivos, la teoría del complot tiende a conferir un carácter determinista al pasado.


Luego está el sesgo de intencionalidad, es un mecanismo de pensamiento que provoca un error de juicio. Este error llevaría a la persona a sobrestimar el papel de los motivos intencionales de una persona o de un grupo. En efecto, el ser humano tendería, de manera automática, a dar una intención a una actitud, porque buscar otras causas a este dicha actitud necesitaría más recursos cognitivos (es el sistema 1 de pensamiento). Este error de juicio sería aun más probable que los acontecimientos que se intentan explicar porque tienen consecuencias negativas, como la ausencia de distribución de mascarillas al principio de la crisis sanitaria, por ejemplo.


Para terminar, en lo que concierne a la autopercepción de la influencia de una teoría del complot, se trata de la tendencia a subestimar la influencia de una teoría del complot. El simple hecho de estar informado de una teoría del complot induciría a una tendencia a creerla más, sin que por ello la persona involucrada se de cuenta de que fue influenciada. Este sesgo se parece al efecto de simple exposición, que se caracteriza por un aumento de la probabilidad de tener un sentimiento positivo hacia alguien o algo por una simple exposición repetida.


¿A quién se dirigen las teorías del complot?


Podemos constatar que aparecen algunas diferencias según el grupo al cual se atribuye el complot. Por ejemplo, para el psicólogo Moscovici, las teorías del complot ponen en duda a las minorías. Según él, la minoría constituye, para su propia existencia, una amenaza, un complot contra el orden establecido y el modo de vida mayoritario. Se puede citar como ejemplo la «amenaza comunista» percibida en Estados Unidos durante la Guerra fría.


La tesis de la socióloga Campio-Vincent implica que existen, por lo menos, dos categorías de teorías del complot hoy en día: una categoría Sistema y una categoría Minoría. Desde la Revolución francesa y el final de la monarquía francesa, una nueva forma de teorías del complot emergió en las mentalidades populares (en Francia). Esta nueva forma pondría en duda no a minorías, sino a élites malintencionadas y poderosas (los aristócratas, el gobierno, los servicios secretos, la industria farmacéutica...). Esas élites suelen permanecer mal definidas y es al sistema al que se pone en duda. Elasesinato del presidente americano J. F. Kennedy, en 1963, es el ejemplo paradigmático de esta categoría de teorías del complot. El complot presumido (que pone en duda entre otros a la CIA o al KGB, según la versión del relato en cuestión) es más plausible para una mayoría de individuos que la versión oficial del asesinato, implicando un asesino aislado. Según Campio-Vincent, la categoría Minoría permitiría desviar la frustración y la hostilidad vividas por el pueblo oprimido sobre unos chivos expiatorios. La categoría Sistema, en cuanto a ella, haría su aparición con la emergencia del Estado moderno, menos represivo de las ideas criticas y disidentes como eran antiguamente las de la monarquía y la Iglesia. Sin embargo, esta segunda categoría no sucede a la primera, pero coexiste con ella.


¿Cómo enfrentarse a un complotista? ¿Es posible no ser uno?


En el contenido de las teorías del complot hay una paradoja: se encuentran a menudo elementos fantasiosos, pero a la vez, una especie de hipercoherencia lógica en los detalles invocados para apoyar el relato, porque se utilizan nuestros dos sistemas de pensamiento (véase el articulo sobre las heurísticas). Los autores concuerdan en escribir que, por este hecho, las teorías del complot suelen ser irrefutables, todo argumento contra el complot es transformado en una prueba de su existencia. Práctico, ¿no os parece?


¡Pero no os preocupéis, existen soluciones frente al complotismo!


La primera parte de la premisa consiste en poner en su lugar la mentira y las teorías del complot: a veces, son muy preocupantes, y no merecen la exageración que suscitan en los medios de comunicación. Es necesario prescindir de ello.


La segunda, es que hace falta desarrollar el espíritu critico, la capacidad de juicio, la razón contra el dogmatismo y el sectarismo: es una función esencial de la educación. Esto va de la mano con el hecho de tener un buen método de investigación: saber seleccionar la información, y ver las afirmaciones no probadas o sin referencias con perspectiva.


Si la tierra fuera plana, los gatos habrían tirado todo fuera de ella a estas alturas


Por último, hay que aportar respuestas pragmáticas que se basan en pruebas, y no en ideologías, incluso si son bien intencionadas y humanistas. Estos conocimientos sólo pueden ser multidisciplinarios, yendo de la psicología y de las ciencias cognitivas a las ciencias políticas, la historia y la sociología, para poder abordar estas cuestiones que se encuentran en el centro del cambio del mundo contemporáneo. El complotismo no se comprende si no se tienen en cuenta las transformaciones económicas y sociales que afectan a nuestras sociedades, si no se entra en el análisis
de los medios de comunicación y de la tecnología digital que moldean la era de la comunicación. ¡Más investigación que hacer, genial!


Fuentes:



1. Douglas, K. M.,Sutton, R. M., & Cichocka, A. (2017). The Psychology of Conspiracy Theories.Current Directions in Psychological Science,26(6), 538–542.https://doi.org/10.1177/0963721417718261


2. Leman, Patrick.,Cinnirella, M. (2013).Beliefs in conspiracy theories and the need for cognitive closure. Frontiers in Psychology,4, 378. https://doir.org/10.3389/fpsyg.2013.00378


3. Klein, O., & Van der Linden, N. (2010). Lorsque la cognition sociale devient paranoïde ou les aléas du scepticisme face aux théories du complot. In E. Danblon & L. Nicolas (Eds).Les rhétoriques de la conspiration(pp. 133–152). Paris: CNRS.


4. Wieviorka, M. (2017).Face àla«postvérité» et au«complotisme».Socio,8, 81-96.https://doi.org/10.4000/socio.2728



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